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Inox

inox

Estábamos por aquel entonces en Bucerías, mi amigo Paco y yo en las tareas de equipar a Cascarita con todos los pertrechos pertinentes para la ruta trans oceánica, una mañana nos disponíamos a dar una vuelta por la bahía; antes de que instaláramos el timón manual y el automático, Paco fungía como los dos y se sentaba en la popa sobre el marco de la escotilla, con un brazo dentro de la cabina para mover el timón. Pasaba varias horas cada mañana allí en las más incómodas posiciones para que yo pudiera entrenar, ese día nos topamos con que el asiento estaba atascado, los rodamientos eran una masa fundida de óxido, allí empezó la aventura de hacer girar las ruedas, el guardaba unos rodamientos para la patineta de su nieto que me cedió para reemplazar los de Cascarita, rodaban de maravilla, pero el gusto nos duró poco antes de se convirtieran igualmente en una masa oxidada. Un día Paco llega con una bolsa de piezas verdes de plástico, ¿que es eso? – Le pregunté- son tus baleros inoxidabes auto lubricantes – me dijo- y le colocamos a una de las ruedas uno de estos, le puse varios peros: que no deslizaban tan bien como los otros, etc, etc. Para entonces yo había conseguido otros, supuestamente la última maravilla de cerámica con inoxidable, así que solo se quedaron en una rueda como prueba.

Mientras remaba un ruido: traca, traca, traca, cual si estuviese desplazando el asiento de Cascarita sobre un empedrado, gotas de aceite y pedazos de metal salen disparados a un lado y otro de los rieles. Hace dos días uno, y hoy los demás le siguieron, ahora las 4 ruedas tienen los rodamientos plásticos que hizo Paco, a prueba de óxido y que además son ¡mucho más silenciosos que los otros!

¡Gracias, Capitán!